Hermandad y cofradía de las tres caídas de cruz de Ntro.
Señor Jesucristo.
Así dice la escritura otorgada por la mesa de la hermandad
el año 1612 a favor del Mayordomo Diego Pérez Padilla, para que cobrase limosna
ofrecidas por personas devotas.
En primero de Septiembre de 1582, encontramos testimonios
fidedignos de otra hermandad nombrada de Ntra. Sra. de la Esperanza, en la que figuraban numerosos
cofrades dedicados al tráfico marítimo, establecida en la iglesia del Espíritu
Santo, a la que se le incorporó la mencionada de las tres caídas, que entonces
residía en el templo parroquial de Santa Ana, según prueban escrituras del año
1630 y de 1643, que por su curiosidad copio seguidamente:

Y por no haber acudido a dar la forma y traza para hacerla
se le puso demanda para que la entregase, a lo que respondió que estaba presto
de entregarla pagándole ciento cincuenta reales de vellón que la Hermandad le
debía de diversos aderezos que para ella había hecho. Y en tal estado el
asunto. Pedro Campaña nos entrega el valor de la corona y hace suelta de lo que
le debe la Hermandad, por lo que desistimos y apartamos de pleito y nos damos
por contentos y entregados a nuestra voluntad.
Esta venerable y popular cofradía reside hoy en la iglesia
conventual de Ntra. Señora de la Candelaria y San Jacinto de Triana y ha
restaurado la capilla de su propiedad, sita en la calle Pureza del repetido
barrio (datos de 1947).
Hermandad y cofradía
de la Sagrada Oración de Jesús en el
Huerto y Ntra. Señora del Rosario
En el año 1574 se hizo y asentó en el colegio de Santa María
de Montesión, Orden de Predicadores, de Sevilla, la Hermandad y Cofradía
intitulada de Ntra. Señora del Rosario, en los cinco misterios dolorosos, y
Sagrada Oración en el Huerto; y tres años después, atento a que estaba la Comunidad edificando nuevo
templo y había sitio bastante para que la Cofradía labrase su capilla, le
adjudicaron los religiosos el terreno donde hoy está edificada. La dicha
capilla tuvo tres puertas; una a la Plaza del Caño Quebrado, otra al compás del
colegio y la tercera comunicaba con el Presbiterio del templo de Montesión.
En la escritura de capitulación a la que me refiero, se
obliga a la Hermandad al pago de nueve mil maravedíes anuales desde el 15 de
Mayo de 1577 en adelante, por reconocimiento del señorío, y a celebrar cuatro
fiestas cada año, con otros pormenores curiosos que firmaron ante escribano los
miembros de la Mesa o Junta de Gobierno primitiva de la cofradía, a saber: Juan
de Arellano y Luis Gómez de Porras, alcaldes; Rodrigo López, mayordomo; el
licenciado García de Herrera y Alonso de la Corte, diputados; Gaspar de Cabrera,
fiscal, y los devotos hermanos Andrés Bautista de Vallés, Luis Hernández, Juan
Yáñez, Alonso de Córdoba y Gonzalo de Campos Guerrero.
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A virtud de interesante escritura de poder otorgada por la
Hermandad el 25 de Abril de 1596, en la que figura como hermano mayor de ella
el reverendo padre Fray Bartolomé Delgado, se deduce que la Cofradía efectuaba
su procesión de penitencia el Jueves Santo con sus imágenes, lo que prueba que
se cumplió el contrato de labrarlas suscrito por Jerónimo Hernández.
Dignas de particular estudio, por su significación en el
desenvolvimiento de la imaginería sevillana, son las esculturas mencionadas. En
los cronistas locales hay sucinta de
que fueron sustituidas al finalizar el siglo XVII las efigies de los apóstoles,
pero no existe testimonio alguno para negar que sean de Jerónimo Hernández el
Cristo orando y el Ángel con el cáliz que hoy admiramos, atribuidas sin el
menor fundamento histórico ni estético a
Pedro Roldán y a su hija la Roldana, respectivamente.
Se debe advertir, que hace años se pudo contemplar la
discreta restauración que de las esculturas susodichas hiciera el inspirado y
prestigioso escultor Antonio Castillo Lastrucci en su propio taller, pudiéndose
apreciar que coincidían con la escritura de concierto en lo tocante a que son
de pasta las cabezas y cabellos de ambas efigies y de cedro los rostros, pies y
manos. Asimismo se pudo observar que los cuerpos de las figuras estaban como
dice el documento que nos sirve de fuente (sobre sus armaduras de madera muy fuertes
y clavados lienzos nuevos) y que el
Ángel había sufrido restauraciones de consideración.
Es muy deplorable que de la Roldana no se tenga noticia
documental que permita la identificación cierta de algunas de sus obras; ello
impide a la crítica el conocer su estilo y, por ende, su personalidad
artística.
En la segunda mitad del siglo XVI no se encuentra el
carácter profesional de esta Hermandad, porque en las nóminas de sus cofrades
figuran personas de oficios muy diversos y ningún patrono de barco, que fueron
sus fundadores al decir de la tradición.